Es la final del mundial y hemos ido a verla. Como hemos salido pronto del hotel para llegar al Estadio que está lejos, necesitamos ir al aseo. Vemos una farmacia regentada por cinco mujeres orientales. No sabía si su cara de sorpresa era mayor por vernos entrar o por pedirles permiso para entrar a su aseo. En cualquier caso, nos lo conceden,y mientras esperamos el turno para entrar, les oigo susurrar. Sólo llega la frase alborozada de la más joven diciendo:
- ¡Ay!, que razón tenías con lo de “Dios proveerá".
Cuando salimos, y vamos a darles las gracias y despedirnos, se adelanta la que parece ser la jefa y hablando seriamente dice:
-Estamos muy contentas que hayas tenido que deteneros aquí. De otra manera no sé cómo hubiéramos podido contactar con vosotros sin llamar la atención.
Ante nuestras caras de sorpresa, la mujer continuó con su semblante serio para advertirnos:
-No debéis ir al a final. Si es preciso, os impediremos salir.- Mientras ella hablaba, las demás se situaban detrás de ella e interceptaban la salida.
Parece que en esa región ( o planeta, vete tú a saber) había empezado una especie de ataque y que no paraba de morir gente. No se sabía qué era. Una especie de gusanos o tentáculos pertenecientes a un ente mayor, que aparecían en los lugares con mayor aglomeración de gente y dónde más ruido había, y que una vez allí, bueno, no había supervivientes.
Tras semejante declaraciones y por la vehemencia de los gestos de las chicas, consideramos prudente seguir su consejo. Nos reunimos en la cocina, estamos perplejos por la cantidad de muertes que nos están contando y por la poca información que del atacante se tenía.
Estábamos hablando cuando de la campana extractora empiezan a salir los tentáculos. Reptan y se acercan. Sin embargo sólo uno de nosotros lo ve, y está demasiado enfrascado en sus reflexiones, como para hacerles caso. El resto no lo ve, así que no hay gritos ni reacción frente a la entrada de esas vainas que buscan sangre. Parece que no encuentran nada que les lleve a continuar con su ataque y se retiran. La persona que lo ha visto todo, parece reaccionar al poco que los tentáculos se han retirado. Cuenta a sus compañeros lo que ha visto. Los viajeros tampoco son lo que parecen.
Seguidos de estas palabras, cambian de habitación, dejando por un lado los disfraces. Cogen su realidad: la gravedad cambia, y para ellos parece estar orientada hacia el techo. Se deslizan hacia él, y se mueves, estirándose, como desentumeciendo los músculos oxidados por falta de costumbre. Aprovechan también para cambiar de estado. Pasan a ser calamar, humano, nutria, etc. Como si un zapping inquieto en el Discovery Channel.
Hay que comenzar la resistencia contra las hebras. Lo primero es organizar las defensas. Reúnen a la gente en el recinto de las antiguas murallas. Es de noche, y parece que dentro de aquellas piedras antiguas no se ha registrado ningún ataque. Sin embargo el miedo es palpable, porque tampoco se conoce todavía ninguna arma que las dañe.
Una pequeña luz llama la atención entre las tinieblas. Parece una roca se hubiese iluminado suavemente desde dentro , como si una piedra de sal iluminada se tratase. Al recogerla y acercarse a la muralla, la piedra cae y golpea una de los sillares pétreos de la muralla. La roca no se inmuta aparentemente. Sin embargo, parece que al poco, como si de un chichón se tratase, la roca golpeada se empieza a iluminar también. No sé qué relación puede tener, ni si será útil para esta lucha, pero la esperanza corre por mis venas, y me dedico a golpear con la primera piedra el resto de los sillares.
Pronto hay gente que encuentra nuevas rocas de sal, y el proceso de iluminar la muralla está en marcha. No todos los sillares se iluminan, parecen seguir el criterio constructivo de una determinada fase de las defensas, que de tanto rehechas y modificadas no es tan fácil de leer.
Todavía no hay un plan de defensa, pero esta noche hay una nueva esperanza que hace ver la guerra como algo a lograr ganar con el tiempo. Y si los mayores de ahora no dan con la respuestas, los jóvenes o los niños que crezcan entre murallas iluminadas, sitiadas por monstruos sin rostro acabarán por encontrarlas.
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